Este último mes
te miré mientras dormías. Mi rincón preferido siempre fue arriba del ventilador, porque cae justo sobre tu cama de
plaza y media. Aunque también disfruto ver tu cara dormida asomada por entre
los pliegues de las sábanas o mimetizada entre los muebles del cuarto que me
encargo de que jamás sean más importantes que la silueta que dibuja tu cuerpo,
con una pierna levemente más arriba que la otra, con tu mano cayendo apenas
hacia el borde del colchón. Me encargué de que nadie entorpeciera tu sueño,
dejando que los rayos del sol de ningún modo tocaran tus ojos por entre las
hendijas de la persiana, pero que sí te acaricien, empezando por tus pies y
haciendo rubios cada uno de tus cabellos a medida que sube el sol. Hubo noches
en las que el calor hacía que te haga dormir desnuda. Siempre tapada, quién más
que yo sabe cómo te gusta dormir. Boca abajo, formo tu espalda con una
curvatura que me hipnotiza; en general disfruto mirándola sobre la pequeña
silla del escritorio, o sobre el picaporte del armario. Las noches en las que
abrazás la almohada, viajo hacia allí y soy,
y me abrazás. Me abrazás y me abrasás con el calor de tu mejilla, de tu boca
entreabierta, de tus pestañas coronando tus ojos cerrados.
Este mes te miré
mientras dormías, y ya no sé qué hacer. La omnisciencia siempre fue mi
obsesión, el que sabe todo, el que conoce, que dibuja y borra. El que gana y
pierde al mismo tiempo, porque escribe la historia pero vive la derrota. Soy el
que crea y que destruye, y de a poco me di cuenta de que me estoy consumiendo.
Por confiado.
Te pensé y creé,
pensando que podría manejarlo sin problema alguno. Te cambié las manos, te
agrandé los senos, corté tu pelo, te hice hablar y caminar, incluso más de una
vez te hice sufrir, porque disfruto ver cómo te hago llorar a escondidas o
tenés arrebatos de sexo vacío, por no ser conmigo, claro. Ese voyeurismo me
vuelve loco. Me calienta y me enoja porque no puede ser conmigo jamás. Porque
jamás vas a conocerme. Yo pinto el color de lo que es tu amor, tu existencia
sin mí es grotesca, no existe. A veces querés salir y desobedecer mis
pensamientos, porque quise crearte libre,
¡qué estupidez! No te hagas la viva y seguí durmiendo, porque tu vida está
totalmente librada a mi ánimo.
No paro de escribirte. No paro de pensarte. En un punto, hasta vivís más que yo. Vivís todo el tiempo porque soy yo el que lo manejo. Siento que ya no sé nada. Tengo que dejar de ser omnisciente. Tengo que ser primera persona, y no saber. Tengo que volver a no conocerte. Necesito dejar de saber todo y dejar que duermas, sencilla, en un amanecer que nunca va a terminar.
No paro de escribirte. No paro de pensarte. En un punto, hasta vivís más que yo. Vivís todo el tiempo porque soy yo el que lo manejo. Siento que ya no sé nada. Tengo que dejar de ser omnisciente. Tengo que ser primera persona, y no saber. Tengo que volver a no conocerte. Necesito dejar de saber todo y dejar que duermas, sencilla, en un amanecer que nunca va a terminar.
Anoche te maté. En
realidad, nunca te volví a escribir. Dormís al amanecer, suspendida en el
tiempo. No me animo, realmente…
El problema es
que, si te mato, una parte de mí morirá también.