Justito ahí.

Justito ahí.

lunes, 25 de julio de 2011

Insomnio.


Le temo a la inmortalidad.

No se siente ya ni la fatiga de mi cuerpo o la fiebre suave

sordos los oídos ante mi presencia

arde la mente sin un solo recuerdo.

Carruseles de inercia nefasta

Los párpados sin prisa, ciegos

sin la presencia

sin el sueño.


La espantosa vigilia del recuerdo.

¿Quién se halla capaz de escapar a la realidad inevitable,

amontonados en grietas,

esperando lo indecible?

¿Cuándo el rayo parta el cielo, y muertos los papeles, los sonidos, las memorias

dejarán de fatigar y flagelar al cuerpo?

¿Por qué no revientan los ojos del recuerdo?


Los niños, los pájaros, la humedad.

El crepitar del fuego y las gotas de agua

Aquel tren y aquel abrazo.

El silencio de la boca y allá lejos, las palabras

una y otra vez.

Insomnio.

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