Justito ahí.

Justito ahí.

viernes, 17 de octubre de 2014

Perfume.

Lo peor igual fue ayer. Fui a la casa de mi hermana y lo sentí por todos lados. “Pitá”, “pité”, no sé cómo se llamaba el perfume, pero era el mismo olor. Mi hermana me preguntó si me sentía bien porque estaba temblando como una hoja, pero no le iba a decir nada, viste, me parecía cualquiera. Le dije que tenía náuseas, o alguna que otra boludez, y me fui rápido con mis sobrinos al parque. No les di ni bola a los pibes, sentía que me perseguía por todos lados el olor, hasta en los toboganes, como una catarata. Me acuerdo que un amigo o un tío mío me dijo una vez que el olor se guarda en la memoria como si fuese algo exacto, o sea, no hay dos olores iguales. Viste el olor a gente, no sé, las almohadas de mis viejos las distingo al toque. Pero este es raro, porque siento hasta el olor de su cuerpo en el perfume. Era demasiado de ella. Y encima rico.
Conté muy poco de Natalia. Empezó como sexo fijo, así, bien relajado, en su casa, algún llamado para ver cómo estaba. Después me enteré lo de la bipolaridad, el día que la echaron del laburo. Yo no tenía nada que ver, yo iba a hacer algo que era más, cómo lo digo, “corporal”, ¿entendés? Yo quería coger, y bueno la mina era un mar de lágrimas y ahí me quiso tirar el celular por la ventana. La quería matar, aparte yo no entendía nada, no la conocía mucho, pero ese día casi que me enamoré. Me quedé esa noche con ella y ahora que lo pienso fue la primera vez que me parece que hicimos el amor. Vos viste cómo soy, yo le esquivo un poco a las relaciones, no quiero pibes, no quiero quilombos, ya no tengo veinte pero tampoco me interesa sentar cabeza, menos con una loca. Las pastillas… tomaba más que mi vieja con el tema del corazón. Para mí siempre estuvo mal diagnosticada. A la mina le sobraban pastillas pero le faltaba como… como cariño, ¿captás? Igual llegaba un momento en el que me hacía planteos medios complicados y yo me tomaba el palo un tiempo. Pero tenía un culo, hermano… un cuerpo, y ella tampoco pendeja eh, pero todo bien paradito, carnoso, me contó que hacía danza árabe así que te imaginarás cómo se movía… una vez la fui a ver a una muestra con la madre, casi me corto las bolas. Todas gordas, viejas, la madre… pero te juro que ella con ese lomazo se llevaba el Oscar… me daba un poco de cosa verla así tan destapada, hasta me imaginé que  algún otro tipo también se la movía, y ese día me dio un poco de, no sé, casi celos. Pero ahí de nuevo pensé en lo de las pastillas, que ella no estaba tan mal, que capaz estaba sola. Puta che, y me acuerdo del perfume de nuevo, ¿ves?
Cuando volví de Chaco la llamé porque había pasado como un mes y medio. Me pareció raro que no me haya respondido para año nuevo, pero bueno, la cosa no era seria así que me desentendí, pero ya algo me picaba raro. La llamé un par de veces  al departamento pero nada, ni mensajes, cero la mina. Más o menos una semana después del último mensaje recibí el llamado de la hermana.
Me acuerdo que vi el accidente por la tele. Escuchar a la hermana me shockeó mal. Era el mismo tono de voz. Me dijo que había levantado mis mensajes pero que todavía no tenía fuerzas para hablar mucho con nadie, pero que Natalia un par de veces había hablado de mí y le parecía que tenía al menos que contarme cómo fue. ¿Qué loco eso, no? Saber que capaz en una mesa familiar salió mi nombre, que Fabi esto o lo otro… no sé, yo nunca hablé de ella en otro lado, como que me la reservaba para mí, ¿entendés?
 Una negligencia del pelotudo que manejaba. Pisó la banquina. De los cinco se salvaron todos menos ella. Yo miré la noticia, te juro que la miré porque me había llamado la atención que de cinco sólo le toque a uno. Esas cosas de mierda de la vida, por qué no se habrá muerto el forro que manejaba a los pedos…
Antes del otoño pasé por Chacarita. A mí mucho esa movida no me gusta, viste, pero no sé, sentía como que tenía que pasar. Yo misa cero, religión cero, pero no sé, me llamó. Una vez me dijo que le gustaban las fresias y antes de entrar me acordé. Se las compré, me pareció cualquiera pero fue la primera vez que le llevé un regalo. Y lloré, boludo, lloré como nunca en mi vida. No sé, sentía tanta impotencia, una mina joven, linda, con proyectos, con unos mambos de mierda en la cabeza pero siempre tratando de salir… capaz me dio bronca las flores, comprárselas así, ahí, no sé, pero me mató.

Este último mes olí el perfume varias veces por la calle, medio que inconscientemente pienso yo, buscándola ahora que sé que no la encuentro más por la calle. Hay miles de minas que usan el mismo, que están mucho más buenas, lo usa mi hermana, pero qué se yo. No de estúpido, no sé. No me parece así, solamente que era el mismo olor y, bueno, a veces me pasa que la extraño.

2 comentarios:

  1. Perdón, pero caí acá, no sé muy bien cómo.
    Al principio no te iba a comentar nada, un poco por vergüenza, un poco por otras emociones más contrariadas.
    Me gusta mucho como escribís! Sobre todo este tipo de relato. Me puedo imaginar a la persona hablando, me parecen muy bien logrados. Y este en especial.... me caló profundo!
    Gracias!

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  2. ¡Muchas gracias a vos por leerme! Me pone contenta y el misticismo del anónimo me mata, capaz escriba otro cuento con esto... jaja, ¡saludos!

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