Héctor. Ya empezás tu vida con una letra que es al pedo. Y
en silencio. Siempre, como todo. Callado y al pedo. Si hubieses nacido en
Estados Unidos podrías haber sido más útil, quizá. Jéctor. Ni siquiera, suena
como una flema pegada a la garganta. Y es que siempre fuiste eso, Héctor, mudo,
al pedo, como una flema. No te alcanzó nada de lo que pasó entre nosotros.
Calladito, así como llegaste, te fuiste. Ni una bombita, Héctor, ni un cuerito
cambiaste. Inútil, totalmente inútil, todo delegar, todo mandar a que hagan
otros. Siempre te jactaste de tu nombre porque es mitológico. ¿Será porque no
existe, porque es una invención humana para dar respuestas a lo que uno no
sabe? ¿Es así entonces? Arrastraron el cadáver de tu tocayo en un carro, igual,
no te fue tan bien. No lo leí pero seguramente se lo merecía. Héctor, mudo, al
pedo, una flema, una mentira inventada.
Te amé como nadie, Héctor. Como nadie y así fue como pasaron
las cosas. Me encantaba ese enigma que llevabas con vos a todos lados. Tenía
ganas de descubrirte, de saber más, de entender qué era lo que se escondía ahí
atrás. Me fascinaban Siempre hacías planes, que vayamos para acá, que salgamos
por acá, y nunca nada. Siempre todo en la nebulosa, en el proyecto que se quedó
ahí. Ahí, sentado en cuero tomando mate, mirando el patio y proyectando
pelotudeces. Cortá el pasto, mudo, flema, ¿tanto lo mirás y no te das cuenta de
que hay que cortarlo? La H es muda en español y vos también, Héctor. Un parásito
de la lengua. Sin lo que te sigue no sos nada.
Héctor. Mudo. Al pedo. Una flema. Una mentira inventada. Un cero
a la izquierda.
Menos mal que dejarte es lo mismo que seguir sola.
Elena.
Está bueno este. Gracias, fue divertido.
ResponderEliminar¡Muchas gracias!
ResponderEliminar