Después de anotar el número telefónico, guardó la pequeña agenda escolar junto con la foto en la caja. La embaló nuevamente, y se dirigió al teléfono, entusiasmada. Le tembló un poco la mano, quizá por la emoción, o la incertidumbre. Marcó. El pitido sonó tres veces antes de que contestaran. La voz de un hombre preguntó quién llamaba. Ella le explicó con simpatía, claro que se acordaba de él. El hombre habló en su oído, y retumbó en la mente de la mujer. Hubo un silencio. La cara de ella, cambió. Ya no sonreía. Alejó un poco el teléfono de su oreja. No sabía qué contestarle. Le agradeció de todas maneras, y lamentó haberle hecho recordar. Antes de cortar, le dijo con un hilo de voz: “Disculpáme, es que para mí, murió hoy”.
Justito ahí.
jueves, 10 de marzo de 2011
Llamada.
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