Justito ahí.

Justito ahí.

viernes, 25 de marzo de 2011

Me enamoré de un Luthier.


Me enamoré de un luthier en un claro de ciudad

Rincón de ángeles entre el bullicio

Arcadas de antiguas creencias

puro blanco en el tedio,

una luz de esperanza en la voracidad.


Me enamoré de un luthier, una tarde de frío

escondida en una grieta lo miraba talar

recorría sus manos y el acompasado sonido de su pecho

me intrigaban sus ojos, que jamás salieron de la madera.


Mis antiguas tripas se revolvieron y mi corazón vibró.

Cómo hacerle conocer que en un instante creí

por pura ilusión o profunda soledad

que creí amarlo por un segundo

sólo en un breve lapso de lucidez en mi corazón.

Me enamoré de un luthier, que jamás me miró.

Y en un susurro del viento, secretamente le di mi alma

para que la tale, la pula,

la acaricie, la contemple terminada como su obra maestra,

que sonría de satisfacción al acariciar mis cuerdas.


Y cuando se eleve en la voz del bosque en su melodía perfecta

descubrirá en el viento, que llevaba mi deseo vehemente

de ser parte del ébano que sus manos moldearon.

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