Me enamoré de un luthier en un claro de ciudad
Rincón de ángeles entre el bullicio
Arcadas de antiguas creencias
puro blanco en el tedio,
una luz de esperanza en la voracidad.
Me enamoré de un luthier, una tarde de frío
escondida en una grieta lo miraba talar
recorría sus manos y el acompasado sonido de su pecho
me intrigaban sus ojos, que jamás salieron de la madera.
Mis antiguas tripas se revolvieron y mi corazón vibró.
Cómo hacerle conocer que en un instante creí
por pura ilusión o profunda soledad
que creí amarlo por un segundo
sólo en un breve lapso de lucidez en mi corazón.
Me enamoré de un luthier, que jamás me miró.
Y en un susurro del viento, secretamente le di mi alma
para que la tale, la pula,
la acaricie, la contemple terminada como su obra maestra,
que sonría de satisfacción al acariciar mis cuerdas.
Y cuando se eleve en la voz del bosque en su melodía perfecta
descubrirá en el viento, que llevaba mi deseo vehemente
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