Justito ahí.

Justito ahí.

viernes, 4 de marzo de 2011

Doce y cinco

Ahora que viajo en calabaza

Y el frío se cuela por los tajos de mis prendas

Ahora que estoy calzada, sólo con un zapato

Que me astilla lentamente la planta del pie

Con mis rizos desarmados tanto como mis ojos

Que no emanan lágrimas, sino un río entero

Miro hacia atrás, al tiempo que pasó

Y me pregunto, cuál fue el error

Que cometimos;

Para que aquel vals único, en el que nuestros cuerpos

Danzaban como cisnes en un lago gélido

Y tus manos no sólo rodeaban la curvatura de mi cadera

Sino que abarcaba mi alma, toda entera.

Me pregunto nuevamente, cuál fue el error

que cometimos

Nuestros ojos clavados en los del otro

Imaginando cómo serían nuestros hijos

O cómo los haríamos.

En una noche como aquella, quizás

En la que tu palma rozó mi muslo

Y mi pecho se hinchó, enmudeciendo al alma.

Si todo era tan bello

Tan puro, tan pleno...

Pero en mi corazón la impaciencia del tic tac,

Tic tac, tic tac, tic tac

No dejaba de delatarme.

Y al fin.

La mentira sonó, como las doce del reloj.

El trote no fue suficiente y me alcanzaste

Tu mano se aferró fuerte, pero yo lo fui más

La noche oscura fue mi compañera

Para huir rápidamente a este carruaje

Y olvidarme de tus ojos

De ese cuerpo

De esa palma

De esos hijos

Que alguna vez, en esa noche amé.

Y comprendo al fin, el motivo de mi huida

No huyo de la verdad, sino de la mentira

Me escapo del vestido, del zapato de cristal

No de tu sonrisa, huyo sí del vals

Aunque entiendo ahora, no se bien el final

Pero tengo la esperanza, del cuento terminar.

Y es por eso que me sigo preguntando:

Cuál fue el error

Que cometimos.

Cual fue el error

que cometí.

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