Justito ahí.

Justito ahí.

sábado, 19 de marzo de 2011

Un posible viaje al mar - V

Y con delicadeza le quitó las vendas a la noche y le curó las úlceras
Pero el alma es débil y hierve de frío
Aunque las vendas en su mano se desintegran de odio.
La cura es otra y no está en este vacío
La sal duele y se maldice a sí misma.
Todos le dijeron que no era necesario,
Pero el terco no entiende de consejos.
Nunca llegará a su objetivo
Y ahí lo ves: cada vez más impío,
soñando con un trozo de campo azul
cuando los ojos ciegos no dan cuenta de la belleza de sus propias manos.
Ya no se acaricia la cara
No recuerda su nombre, el sonido de su voz.
Obstinado, cree en la cura de un dolor insospechable de su alma
que pide a gritos que la dejen en paz.
Atrás dejé al caminante
Herido por su propia llaga
Cuando no quiso darme de beber.

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