Es aquél maldito sonido el que mantiene mi pupila desvelada
Y se graba en la curva interna de mi ojo.
Que una cáscara no de pena
Es un capricho de la naturaleza.
Corro por el prado sin miedo a ninguna espina.
Vivo y fuerte es el sentimiento que me impulsa a correr al mar.
Mi alma está helada esta tarde
Mis muslos chocan contra las olas y mi respiración se hace salada.
El corazón se sale de lugar y vaga errante por la espuma marrón y carmesí.
Cuando el horizonte es vasto la cáscara se avergüenza.
Pero ya no tengo miedo.
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